Como ya os dije el otro día, en ese arranque meditabundo que me dio el jueves mientras cuidaba del niño (que mejor que me dedique a eso que a prestarle atención a la situación, si no, fijo que cometía un asesinato o me tiraba por el balcón), el sábado hubo una fiesta en casa de Cul-lo. Él vive en Lavapiés, en concreto en la calle Amparo (o del Amparo, nunca me aclaro) y me dijo que fuera. Me entró miedo, pero aún así decidí ir. Las primeras veces hay que aguantar demasiadas miradas, demasiados careos, cacheos verbales y preguntas acerca de una. Y últimamente ya me siento demasiado observada por una persona, o por una media persona como lo definieron por aquí el otro día, para aguantar más. De manera que le dije a AtochaYa que viniera conmigo. Continúa, prima »